Por Redacción Ciencia | 6 de junio de 2026

El boom de la inteligencia artificial está acelerando una crisis silenciosa pero devastadora: el consumo desmedido de agua por parte de los gigantescos centros de datos. Lo que antes era una preocupación ambiental, se ha convertido en un problema urgente y agravado en las últimas semanas, con advertencias directas de empresas como SpaceX, Google y Microsoft que revelan la magnitud del desafío.

El lunes 2 de junio, SpaceX modificó su prospecto de oferta pública inicial para alertar explícitamente que la escasez de agua, las regulaciones y las sequías podrían frenar el desarrollo de sus centros de datos. Este movimiento no es aislado. En medio del explosivo crecimiento de la IA, el consumo de agua de estas instalaciones ha escalado dramáticamente, generando rechazo masivo de las comunidades y nuevos focos de conflicto.

Según una reciente encuesta de Gallup, siete de cada diez estadounidenses se oponen al desarrollo de nuevos centros de datos, y la principal razón es justamente la falta de agua. El problema se ha intensificado en 2025-2026 porque la demanda de procesamiento de IA ha disparado las necesidades energéticas y de enfriamiento de los servidores, que generan calor extremo.

Los centros de datos usan principalmente enfriamiento evaporativo, que consume enormes volúmenes de agua dulce. Un solo complejo de Google en Council Bluffs, Iowa, utilizó más de 1.000 millones de galones (unos 3.785 millones de litros) en 2024. Las proyecciones del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley son alarmantes: si los hyperscalers siguen esta ruta, el consumo podría alcanzar los 33.000 millones de galones para 2030.

“El agua es un recurso altamente local y limitado. Debemos gestionarlo con extremo cuidado”, advierte Shaolei Ren, profesor de ingeniería de la UC Riverside. El riesgo es mayor en verano, cuando la demanda de enfriamiento de los data centers coincide con el pico de consumo municipal, agravando la presión sobre cuencas ya estresadas.

Empresas corren contra el reloj

Ante el creciente escrutinio, las tecnológicas están reaccionando. Microsoft, OpenAI y Oracle anunciaron recientemente que abandonarán en varios proyectos el enfriamiento evaporativo para ahorrar agua, incluso en expansiones masivas como el proyecto Stargate en Texas, una zona con estrés hídrico severo.

Google, por su parte, anunció el miércoles pasado un paquete de compromisos más ambiciosos: reponer más agua de la que consume, aumentar el uso de agua reciclada, divulgar su consumo anual por centro de datos y aplicar evaluaciones hidrológicas detalladas para cada ubicación. Sin embargo, la empresa reconoce que no hay una solución única. “El agua es escasa en unas regiones y abundante en otras. Una estrategia de talla única no funciona”, señaló Ben Townsend, jefe global de infraestructura y sostenibilidad de Google.

Nuevas investigaciones de Ren refuerzan que eliminar por completo el enfriamiento evaporativo podría ser contraproducente: en zonas con agua disponible pero redes eléctricas saturadas, su uso podría liberar entre 10 y 30 gigavatios de potencia, reduciendo la presión sobre el sistema eléctrico y, en algunos casos, las emisiones totales.

Aun así, los avances parecen insuficientes. Reportes internos de Microsoft indican que su consumo de agua podría dispararse en los próximos años. Google tuvo que cancelar un proyecto en Chile en 2024 por problemas hídricos, y en el pasado incluso financió litigios para evitar revelar cifras de consumo.

Relevancia para Costa Rica

Aunque Costa Rica no cuenta aún con mega centros de datos a escala global, el país no está exento. El crecimiento regional de la nube, la IA y los servicios digitales podría atraer inversiones que demanden grandes volúmenes de agua. En un territorio con rica biodiversidad pero vulnerable al cambio climático, este agravamiento reciente del problema debe servir de alerta.

Expertos como Priscilla Johnson, exdirectora de estrategia hídrica de Microsoft, insisten en que la presión pública y regulaciones estrictas son clave para obligar a la industria a innovar en diseños más eficientes que reduzcan tanto agua como energía.

El mensaje es claro: la carrera por la IA no puede seguir sacrificando el recurso más vital del planeta. Las empresas tecnológicas reconocen que el problema se ha agravado, pero la verdadera solución exige transparencia total, inversión en tecnologías limpias y marcos regulatorios exigentes.

Costa Rica tiene la oportunidad de aprender de estos errores globales y posicionarse como líder en data centers sostenibles. De lo contrario, el precio del progreso digital podría medirse en ríos secos y comunidades sedientas.

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