Max Ovares ADVERTENCIA SANITARIA: Lo que usted está a punto de leer contiene verdades tan incómodas que el Frente Amplio las declaró inconstitucionales. Si usted milita en ese partido, consulte a su terapeuta antes de continuar. “NO FUERON. Y ESO LO DICE TODO.” El día que el Frente Amplio le tuvo más miedo a un lodazal que a perder el alma Hay momentos en la política costarricense que no necesitan análisis. Que no necesitan editorial. Que no necesitan que ningún comentarista se ponga solemne y reflexivo frente a una cámara. Hay momentos que se explican solos, que se graban solos, que se condenan solos con una precisión quirúrgica que ningún fiscal del mundo podría superar. Este es uno de esos momentos. La presidente Laura Fernández los citó. Los llamó. Les dijo: vengan a Crucitas. Vengan a ver con sus propios ojos lo que hay ahí. Los invitó con la formalidad que el cargo exige y la paciencia que solo tiene alguien que ya sabe de antemano lo que van a responder. Y el Frente Amplio —los mismos que lloran por cada árbol talado en el noticiario, los mismos que no pueden ver una foto de un río sin ponerse a temblar de indignación ecológica, los mismos que han hecho del ambientalismo su único argumento político desde que nacieron como partido— no fueron. Se quedaron en casa. Como el bombero que le tiene miedo al fuego. Como el dentista que le tiene miedo a los dientes. Como el Frente Amplio que le tiene miedo a Crucitas porque Crucitas es el cadáver que ellos mismos enterraron y que ahora huele desde la autopista. EL PÁNICO MÁS VERDE DE LA HISTORIA POLÍTICA NACIONAL Porque no nos equivoquemos en el diagnóstico. Esto no fue falta de tiempo. Esto no fue agenda apretada. Esto no fue que Villalta tenía compromisos o que Araya estaba ocupado redactando su próxima queja de papel. Esto fue miedo. Miedo puro, crudo, sin diluir, del tipo que te paraliza las piernas y te obliga a inventar excusas que ni tú mismo te crees. ¿Miedo a qué exactamente? A que las cámaras los graben parados sobre el desastre. A que algún periodista con dos neuronas funcionales les ponga el micrófono en la cara y les pregunte: ¿y esto, qué opinan? A tener que responder en vivo, sin guión, sin comunicado preparado, sin el escudo de la retórica verde que tanto les ha servido para disfrazar años de complicidad activa con el caos que hoy tienen nombre, coordenadas geográficas y olor a mercurio. Tienen terror de que se les caiga el panfleto. Terror de que la gente vea con sus propios ojos la diferencia entre lo que el FA predica en los micrófonos y lo que el FA produce en la realidad. Porque si hay algo que el Frente Amplio ha protegido con más ahínco que cualquier bosque, cualquier río y cualquier especie en peligro de extinción, es su propio relato. Ese relato construido ladrillo a ladrillo durante años, pintado de verde por fuera, podrido por dentro, que dice que ellos son los buenos, que ellos son los que defienden al pueblo, que ellos son la conciencia moral de este país. Y Crucitas les rompe ese relato en la cara como un mazo. AMBIENTALISTAS DE INSTAGRAM. ECOLOGISTAS DE SALÓN. HIPÓCRITAS DE TIEMPO COMPLETO. El FA se caracteriza —y esto hay que decirlo con toda la crudeza que merece— por hablar del medio ambiente, de protegerlo, de amarlo hasta la raíz, de abrazarlo, de ponerle nombre de pila y de hacer discursos que harían llorar a un árbol de pura emoción. Tienen el verde en el logo, en la bandera, en el vocabulario, en los comunicados y en la cara cada vez que aparecen frente a una cámara a denunciar que alguien, en algún lugar de Costa Rica, está amenazando la biodiversidad. Pero cuando se involucran en proteger —directa o indirectamente, con amparos o con silencio cómplice o con el simple arte de obstaculizar todo lo que el gobierno intentó hacer— a los coligalleros que se llevan el oro de la zona a Nicaragua a plena luz del día, cuando su jurisprudencia legal de papel sirvió de paraguas para que esas redes operaran sin que nadie las tocara, entonces resulta que ahora no quieren ver el desastre. El desastre que por años, ellos mismos han provocado. No con pico y pala —eso lo hicieron otros— sino con algo más sofisticado y más criminal: con la toga prestada del sistema judicial, con recursos de amparo como arma política, con el discurso ecologista como cortina de humo para que nadie mirara qué estaba pasando de verdad en Crucitas mientras ellos se tomaban fotos abrazando tortugas. Y ahora no quieren ir a ver. Claro que no. Porque ver implica saber. Y saber implica responder. Y responder implica reconocer. Y reconocer es lo único que el FA no ha hecho en toda su existencia partidaria. CRUCITAS: EL EXPEDIENTE QUE LOS DELATA SIN ABOGADO Hay algo profundamente simbólico en que sea precisamente Crucitas el escenario que les produce esta parálisis existencial. No es cualquier tema. No es una controversia nueva. Es el expediente que los persigue. Es la herida que no cicatriza porque ellos mismos se encargan de mantenerla abierta con cada nuevo recurso, con cada nueva táctica dilatoria, con cada nueva excusa para que el Estado no pudiera entrar a ordenar ese territorio que lleva años siendo saqueado por redes criminales que cruzan el oro a Nicaragua como si Costa Rica fuera un autoservicio. Años de Villalta en tarima hablando de soberanía. Años de Araya en conferencia de prensa hablando de derechos. Años de todo el aparato frentista construyendo la narrativa de que cualquier intervención estatal en Crucitas era un ataque a los pobres, a las comunidades, a los vulnerables. Y mientras tanto, los ríos siendo contaminados. El suelo siendo destruido. El oro siendo saqueado. Las redes criminales operando con la comodidad que solo da saber que hay un partido político dispuesto a ponerle trabas legales a todo el que intente pararlos. Eso es lo que hay en Crucitas. Y eso es exactamente lo que no quieren ver. LA NARRATIVA ES TODO. LA REALIDAD, UN INCONVENIENTE. Para entender al Frente Amplio hay que entender una sola cosa, y entenderla bien: para ellos, el relato siempre fue más importante que los hechos. Siempre. Sin excepción. La narrativa es el producto. La narrativa es el activo. La narrativa es lo único que tienen porque si les quitas el relato, si les arrancas el discurso, si los paras frente a la realidad y les dices mirá, esto es lo que produjo tu política, no queda nada. No queda propuesta. No queda gestión. No queda historia de logros concretos en defensa de nada. Queda un lodazal en Crucitas y un partido político que no quiso ir a verlo. Por eso el miedo es tan visceral. Por eso la negativa es tan rápida y tan absoluta. Porque un militante del FA parado sobre el barro de Crucitas, frente a las cámaras, intentando explicar por qué años de obstruccionismo legal terminaron produciendo exactamente el desastre que decían querer evitar, es la imagen que destruye todo. Es el momento en que el panfleto se moja, se arruga, se deshace y queda en el suelo como lo que siempre fue: papel mojado. La presidente Laura Fernández no los invitó a un paseo. Los citó ante la evidencia. Y ellos, con una honestidad involuntaria que es lo más honesto que han sido en años, contestaron que no iban. Y QUE CONSTE EN ACTAS: ESTO NO SE OLVIDA Los ríos de Crucitas no saben de narrativas. El suelo destruido no lee comunicados de prensa. El mercurio no distingue entre discurso ecologista y silencio cómplice. La realidad en esa zona del país es la misma independientemente de lo que el Frente Amplio diga, publique, tuitee o denuncie desde la comodidad de sus curules. Pero los costarricenses sí distinguen. Y los costarricenses sí recuerdan. Recuerdan quién habló durante años de amar el ambiente y quién obstruyó durante años toda posibilidad de defenderlo de verdad. Recuerdan quién construyó un discurso verde de fachada mientras las redes de minería ilegal operaban protegidas por la sombra legal que ese mismo discurso producía. Recuerdan quién fue invitado a ver el daño y prefirió quedarse en San José a redactar su próxima declaración de principios. El Frente Amplio no fue a Crucitas porque Crucitas los juzga sin necesitar tribunal. Porque la tierra destruida habla más claro que Villalta. Porque un río contaminado dice más en cinco segundos que todos los discursos de Araya juntos. Porque la realidad, cuando la tienes enfrente y no puedes editarla ni ampararte contra ella, es el único enemigo político que el FA nunca supo enfrentar. No fueron. Y eso, compañeros, lo dice absolutamente todo. Maximiliano Ovares.Search Intelligence & AI Strategy Architect Navegación de entradas Laura Fernández presenta paquete de seis proyectos de ley en materia de seguridad: protección a policías, “el que no trabaja no come” y el alto costo de mantener reos en prisión