Max Navarro Mientras la presidenta Laura Fernández convocaba a los jerarcas del sistema judicial a Casa Presidencial para exponerles su plan de reformas, el Poder Judicial ya había definido su propia hoja de trabajo. Signature: g3VtfGcDndbxRpr9Pa7JjhIeiiAle86naEeRFNJpNpPahECaBawaJfOz3Ea5sgh/rGo6Pd2+3SL5iMYm8F7N1gKkaik/G7Cs0Wh3RSVZOO6FKee9XAu/emamQEGGolhdHkK3YJZssa22FZOMLepnUrzwgp9Vdjlg9EozEMqo49iImnGY4MPGnehctWO3q78kd0/T2sXiKiHqabjK5mXHmAxKZ1tMs8t6MO8HculSVnauI7/PgVDxWKBJchiC4lAryoB0v+/yWdF3HXC5o08IyRq6/GbJzuPNxSlVoHx4DO1VWQh3753Ur9rzYRmyaFqmdIvlMyYVnYgB6yYJAvO2tNTrvtD24wGwdF6AATLDpyJ4PCCqdcxXLDVSqjgRwcQnry6wixlzUXtOS/S/zwWk+GPnzFvuv9bg4E+4LYjZoOBJHEn+a3A3vb9OtmS65abN/pLLi0fprVyE7KSPDo2ONnL76ddJXHd55OVclxfKP7CfCm6BmLyjw1uCJiOpM8ohQW9aj6NBk/M7ZWLlh6UZAv6cC9e4GBA1mnL3eYf5me0I3wNQWavlxU6CVIaesTSa92qzP1m8bp3pmmyEgWAqyGsBKSPP60mGaNKs0tyJ70Jkh015dCXDF6Wp6g4vv0EfgBmbWZ+5ECxCaKFpMBJ1jCkhU8iK8tZp8Z+fYlW4/BHkmMk7nn+Ss+FpYBHAjdcp4UAb2BF97e4bzBwPleEvdZOhx5qxP/TgW+V0Az82P1NC4t3xsCUlT11Tthd2kDD7dQY1ru+XUHKnUDkfckKzkKM+RmoVPJejgFADkapnQ7eeYooANo/eYzXBc1a7rB2wMkzgHa5RtFI5HumCXc2jD8b/h43VMXHXb4tg975VJuvMqw15F+e5agYS8U1CIvt2Fi+21YRNhx+PvHgripn1/OmecZoy//PGN+VtHQh9hX3iIAujXGVEO7cCSe4NyRaBVtxhbfW3nDbMIeDYqcVFFSBBbPciubzSncbN3JN2K7M= El 6 de mayo de 2026, apenas dos días antes de que la presidenta Laura Fernández asumiera el cargo y firmara sus primeros decretos, el Poder Judicial de Costa Rica publicó en su sitio oficial la noticia de que sus autoridades habían definido una ruta de trabajo para la respuesta judicial frente al crimen transnacional organizado. El momento no es casual. La institución presidida por el magistrado Orlando Aguirre Gómez, quien también ejerce la Presidencia Pro Témpore del Consejo Judicial Centroamericano y del Caribe (CJCC), lleva meses construyendo una estrategia propia que incluye coordinar con otros poderes judiciales de la región, aprovechar la cooperación internacional del programa europeo PACcTO 2.0, y fortalecer los mecanismos internos de control para prevenir la infiltración del crimen organizado en sus filas. La reunión en Casa Presidencial y sus implicaciones La presidenta Fernández extendió invitaciones al presidente de la Corte Suprema de Justicia, Catalino Orlando Aguirre, y a la presidenta de la Sala Tercera de Casación Penal, Patricia Solano, para reunirse en Casa Presidencial. El propósito declarado: exponer su agenda de reformas profundas dirigidas al Poder Judicial y establecer una estrategia común frente al crecimiento del crimen organizado. En términos institucionales, la convocatoria es inusual. El Ejecutivo tiene competencias para proponer reformas legislativas y decretos, pero la independencia del Poder Judicial es un principio constitucional que se protege precisamente de la intervención directa del poder político. Que la presidenta convoque a los jerarcas judiciales a la Casa Presidencial para presentarles su propio plan de reformas al sistema judicial genera, inevitablemente, preguntas sobre los límites de esa relación. Desde el seno del Ministerio Público, el Fiscal General Carlo Díaz declaró su adhesión a la convocatoria de la Presidencia y reafirmó el compromiso institucional con la lucha contra la delincuencia, la corrupción y el narcotráfico. Sin embargo, la magistrada Patricia Solano y otros jerarcas judiciales no han expresado públicamente una postura de alineación incondicional con la agenda del Ejecutivo. La agenda judicial propia: cooperación regional e integridad interna La hoja de ruta que el Poder Judicial costarricense presentó el 6 de mayo se enmarca en una visión que va más allá de las instrucciones del Ejecutivo. Como Presidencia Pro Témpore del CJCC para el período 2025-2026, Costa Rica lidera una estrategia regional que incluye la creación de Grupos Especializados de Trabajo, la firma de la Declaración de San José sobre crimen transnacional, y la integración de inteligencia artificial para mejorar la gestión judicial. A nivel interno, el Poder Judicial mantiene su propia Comisión de Alto Nivel para prevenir la penetración del narcotráfico y el crimen organizado en la institución, con controles estrictos en reclutamiento, selección y seguimiento del personal judicial. El magistrado Aguirre ha sido enfático en que el aporte de la cooperación internacional resulta fundamental porque el crimen organizado ha venido creciendo, y es necesario seguir fortaleciendo las instituciones para hacer una contención más efectiva. El escenario que se configura en esta primera semana del gobierno Fernández es, entonces, más complejo que una simple confluencia de voluntades. El Ejecutivo quiere reformar el sistema judicial con urgencia y mano firme. El Poder Judicial tiene su propia agenda, su propio liderazgo regional y sus propios compromisos institucionales. En ElDiarioCR estamos atentos a si este diálogo termina siendo una coordinación genuina o un pulso entre poderes. Navegación de entradas Dieciocho magistraturas suplentes en el limbo: el primer gran pulso institucional entre el oficialismo y el Poder Judicial 25.000 funcionarios públicos deben declarar sus bienes antes del 25 de mayo: la Contraloría activa el mayor proceso de transparencia patrimonial del año