Ilustracion y texto por Max Ovares.

ADVERTENCIA: El siguiente contenido contiene niveles industriales de obstruccionismo legislativo, geografía inventada, ambientalismo selectivo y cantidades obscenas de papel desperdiciado en nombre de “la democracia”. Si usted es “fan” de la oposición, consulte a su médico antes de leer, porque lo que sigue podría causarle vergüenza ajena aguda, inflamación severa de superioridad moral y episodios repentinos de contacto con la realidad.

 BIENVENIDOS A LOS JUEGOS OLÍMPICOS DE LA INUTILIDAD LEGISLATIVA

Seiscientas cuarenta y cuatro mociones. Sí, 644. Tómese un segundo para procesar la cifra, porque no estamos hablando de soluciones para Crucitas, ni de operativos exitosos contra el crimen organizado, ni de propuestas reales para recuperar el control ambiental y territorial de la zona. No. Estamos hablando únicamente de la cantidad de obstáculos que decidieron meterle a un solo proyecto de ley.

Un expediente.
Una discusión.
644 maneras distintas de decir:
“preferimos que el desastre continúe antes que admitir que tal vez hay que hacer algo diferente”.

Y lo más increíble es que intentan venderlo como heroísmo democrático. Como si paralizar el Congreso fuera patriotismo sofisticado y no el equivalente legislativo de meterle un palo a la bicicleta y luego celebrar que “se evitó un accidente”.

Porque aquí no hubo un debate técnico serio artículo por artículo. Lo que hubo fue una estrategia de agotamiento: saturar el sistema hasta colapsarlo administrativamente. Convertir el reglamento legislativo en una herramienta elegante de sabotaje con coffee break incluido. La burocracia como deporte extremo. Costa Rica siempre innovando en las áreas menos útiles.

Y después aparece Edgardo Araya hablando de “estafa”, cuando el resultado visible de quince años de activismo anti minería es exactamente el Crucitas actual: coligalleros, mercurio, tala ilegal, narcos, muertos y millones de dólares en oro saliendo tranquilamente hacia Nicaragua mientras aquí seguíamos organizando foros sobre sostenibilidad y tomándonos fotos sintiéndonos moralmente superiores.

Eso no es propaganda. Es el resultado práctico de convertir consignas emocionales en política pública.

Porque al final el bosque se destruyó igual, los ríos se contaminaron igual y el Estado perdió el control territorial igual. Pero al menos quedó intacta la pureza ideológica. El jaguar probablemente terminó intoxicado, pero tranquilos: murió dentro de un marco ético impecable.

 Seiscientas cuarenta y cuatro mociones… y ni una sola solución

Aquí es donde el espectáculo ya entra en categoría de performance artístico financiado con impuestos.

Porque la oposición ha demostrado algo impresionante: son brillantísimos para impedir cosas, pero totalmente incapaces de construir algo después. Arquitectos del bloqueo. Especialistas en convertir cualquier discusión en un pantano burocrático donde mueren lentamente el sentido común y la paciencia humana. Un talento muy tropical, honestamente.

-No quieren minería regulada.
-No quieren concesiones.
-No quieren extracción.
-No quieren cambios legales rápidos.
-No quieren “capitalismo extractivista”.

Perfecto. Excelente. ¿Y entonces qué quieren?

Porque ahí es donde el discurso colapsa sobre sí mismo. Proponer soluciones reales implica aceptar que gobernar no es repetir consignas ni posar indignado frente a una cámara. Implica administrar consecuencias, tomar decisiones incómodas y entender que protestar no es lo mismo que resolver.

Mientras tanto, Crucitas lleva más de una década convertida en tierra de nadie. Y durante todo ese tiempo, esta oposición tuvo dos talentos consistentes: bloquear proyectos y lavarse las manos cuando llega el desastre.

Un rendimiento olímpico. Michael Phelps del obstruccionismo legislativo.

 La Carrera Olímpica de las Mociones: el FA va por el oro (y ahora en equipo para que nadie los saque)

Y uno pensaría que seiscientas cuarenta y cuatro mociones en un período legislativo es un accidente, una reacción desesperada o una intoxicación colectiva por café de máquina legislativa. Pero no. Para el Frente Amplio esto no es urgencia ni improvisación. Esto es entrenamiento. Esto es método. Esto es doctrina.

-Son atletas de la obstrucción.
-Velocistas del reglamento.
-Maratonistas del artículo 137.
-Power Rangers del “no”.

Gente capaz de hablar tres horas seguidas usando exactamente mil palabras distintas para decir absolutamente nada.

Y lo más impresionante es que no sienten la menor vergüenza. Al contrario. Lo celebran como si presentar cientos de mociones destinadas al fracaso fuera un acto heroico comparable a defender Normandía.

Porque presentar mociones que saben perfectamente que van a ser rechazadas no es legislar. Es burocracia performativa. Es llenar el plenario de papeles como una impresora HP poseída por el espíritu de un estudiante de ciencias sociales en semana de parciales.

Y cuidado alguien critique el circo, porque inmediatamente aparece el discurso solemne sobre “la defensa de la democracia”. Como si democracia significara secuestrar el funcionamiento legislativo hasta que todo el país colapse por agotamiento psicológico.

La oposición convirtió el Congreso en una fotocopiadora industrial de excusas. Cada moción es básicamente una carta diciendo: “no tenemos una alternativa viable, pero tampoco vamos a permitir que alguien más intente algo”.

Una filosofía política profundamente costarricense, por cierto. Aquí hay gente que prefiere ver una casa incendiándose antes que aceptar que el vecino use una manguera que no fue aprobada en comisión con perspectiva ecofeminista territorial participativa.

 El Apocalipsis según San Edgardo: cráteres, lagos de mercurio y visiones del fin… (Ni san Juan de Patmos fue tan explicito)

Pero la verdadera obra maestra no fueron las mociones. La verdadera obra maestra fue el discurso de Edgardo Araya en el Plenario, donde el diputado frenteamplista, armado con toda la autoridad moral de quien lleva años bloqueando soluciones mientras el problema empeora, procedió a describir un escenario digno de película apocalíptica de bajo presupuesto narrada por Discovery Channel después de medianoche.

Según san Edgardo, aprobar este proyecto convertiría a Crucitas en un cráter abierto. Como las minas en Rusia. Como las de China. Como las de Sudáfrica. Una cicatriz geológica gigantesca visible desde el espacio, probablemente acompañada por fuego saliendo del suelo, aves huyendo en cámara lenta y un violín triste sonando de fondo mientras un narrador británico susurra “la humanidad había ido demasiado lejos”.

Hay que reconocerle algo al diputado: compromiso con el dramatismo nunca le faltó.

El problema es que leer National Geographic no equivale a entender geología tropical. Y Araya, en su entusiasmo cinematográfico, omitió un detalle minúsculo: Crucitas no es Siberia, no es el Highveld sudafricano y no es la cuenca industrial china que él evocó con tanta pasión ecológica.

Es una zona tropical de llanura aluvial con condiciones completamente distintas.

Comparar esos megaproyectos extractivos con la minería regulada propuesta en Crucitas es como comparar una soda de barrio con el Strip de Las Vegas porque ambos venden Coca-Cola.

-Técnicamente hay similitudes.
-Intelectualmente es una payasada.

Pero el objetivo nunca fue informar. El objetivo era asustar. Porque el miedo siempre vende más políticamente que la precisión técnica. Y en eso ciertos sectores de la oposición ya tienen maestría, doctorado y probablemente un posgrado honorífico.

La gran victoria ambiental que terminó entregando Crucitas a los coligalleros

Y sí, hay que reconocerlo: Edgardo Araya logró sacar a Infinito Gold de Crucitas. Ganó la batalla política. Celebraron la “victoria ambiental”. Se tomaron las fotos. Se dieron los discursos. Se sintieron los salvadores del planeta.

El problema es que después abandonaron el terreno como si la realidad se administrara sola.

Y el vacío no quedó vacío.

-Lo llenaron los coligalleros.
-Lo llenó el mercurio.
-Lo llenaron las mafias.

-Lo terminó llenando Daniel Ortega viendo cómo millones en oro cruzaban tranquilamente hacia Nicaragua mientras Costa Rica seguía celebrando una victoria moral que terminó convertida en desastre territorial.

Porque esa es la contradicción que nunca quieren admitir: sí sacaron a Infinito Gold… pero terminaron entregándole Crucitas a la minería ilegal.

Pasaron de combatir una empresa regulada en tribunales a tolerar minería criminal en la práctica. Tremenda revolución ambiental. Nobel de Ecología Aplicada al Caos.

El mercurio que Araya sí menciona… y el que no

Y luego llegaron los lagos de mercurio.

Don Edgardo advirtió, con voz grave y mirada de profeta bíblico ecológico, que la minería legal podría contaminar la zona con mercurio. Y tiene razón en que el mercurio es un problema gravísimo. Absolutamente. Cero discusión ahí.

-El mercurio destruye ecosistemas.
-Contamina acuíferos.
-Enferma comunidades.
-Es veneno puro.

El pequeño detalle que el diputado omitió mientras narraba el fin del mundo es que el mercurio ya está ahí. Ya lleva años corriendo por los ríos gracias a los coligalleros que operan con total impunidad precisamente porque el vacío legal y operativo dejó la zona entregada al crimen organizado.

Pero eso curiosamente genera muchísimo menos dramatismo legislativo.

Porque enfrentar la minería ilegal requeriría aceptar una verdad devastadora: el modelo de “prohibamos todo y crucemos los dedos” fracasó de manera espectacular.

El ambientalismo selectivo: cuando el desastre sirve políticamente

Lo verdaderamente impresionante del discurso opositor no es lo que dicen. Es lo que convenientemente omiten.

Porque cuando un coligallero destruye montaña ilegalmente con mercurio, ahí el tono cambia misteriosamente. Ahí desaparece la épica ambiental. Ahí ya no hay cadenas de indignación diarias ni conferencias teatrales hablando de “ecocidio”.

Qué curioso.

Porque un desastre ilegal sin solución concreta les sirve más políticamente que una solución imperfecta que pueda funcionar.

-El caos perpetuo alimenta el discurso.
-El problema resuelto mata la narrativa.

Y esa es la parte incómoda de toda esta historia: hay sectores políticos que parecen sentirse más cómodos administrando indignación que solucionando conflictos reales. Porque resolver problemas implica perder una bandera de protesta. Y hay gente que ama tanto sus banderas que prefiere conservar el desastre con tal de no quedarse sin discurso.

Crucitas terminó convertido en un monumento ideológico.
-Un altar al “no”.
-Un museo viviente de consecuencias no asumidas.

Mientras tanto, los coligalleros felices.
El crimen organizado feliz.
Ortega feliz.
El mercurio feliz.

Todo el mundo feliz excepto el Estado costarricense, que lleva quince años viendo cómo le despedazan una zona entera mientras en San José siguen discutiendo semántica revolucionaria en aire acondicionado

Epitafio para una oposición que lleva quince años protegiendo el desastre

Al final del día, lo que tenemos es esto: el PLN, el FA, el PUSC y el CAC, ese hermoso Power Ranger multicolor de la parálisis legislativa, juntaron fuerzas no para proponer una salida a Crucitas, sino para asegurarse de que ninguna salida avance.

Seiscientas cuarenta y cuatro mociones para ralentizar.
Discursos de cráter y mercurio para asustar.

Y en el centro de todo, Edgardo Araya. El hombre que derrotó a Gold Infinito hace quince años y terminó entregándole Crucitas a los coligalleros, al crimen organizado y a Daniel Ortega. Ahora de regreso en el Plenario con la misma convicción intacta, el mismo tono mesiánico y la misma negativa absoluta a responder por las consecuencias de aquello que ayudó a construir.

Porque esa es la verdadera magia de la política costarricense:
aquí hay gente capaz de destruir algo, ver el desastre durante quince años y aún así seguir hablando como si fueran los únicos adultos de la sala.

Y mientras la oposición celebra sus Olimpiadas de mociones, el país sigue esperando algo radicalmente revolucionario dentro de la Asamblea Legislativa: adultos funcionales.

Concepto exótico. Casi mitológico.

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