Guanacaste, 24 de julio de 2026. En la sesión solemne por los 202 años de la Anexión del Partido de Nicoya, el diputado de Pueblo Soberano, José Miguel Villalobos, respondió con contundencia a las recientes declaraciones del presidente nicaragüense Daniel Ortega, quien afirmó que Costa Rica “se robó Guanacaste”.

Villalobos no midió palabras. Recordó que el 25 de julio de 1824, en cabildo abierto, los habitantes de Nicoya, Santa Cruz y luego Liberia decidieron voluntariamente unirse a Costa Rica. “El Partido de Nicoya dijo sí… y finalmente se constituyó esta provincia, que a pesar de reconocimientos internacionales, un vecino país del norte nunca quiso reconocerla”, afirmó.

Citó el Tratado Cañas-Jerez de 1858, que fijó de forma definitiva los límites: Guanacaste es costarricense y el río San Juan, nicaragüense. Y fue directo al punto:

“Frente a los gritos destemplados de un dictador que todavía hace una semana dijo que Guanacaste es de Nicaragua, les recordamos a Daniel Ortega y sus secuaces que todo ejército que cruza el Sapoá con propósitos bélicos no regresa vivo de donde viene, y que si quieren volver a cruzar el Sapoá con propósitos espurios aquí quedarán sus restos, porque ni Guanacaste ni Costa Rica le van a tolerar esas bocanadas de amenaza”.

“Guanacaste es claramente costarricense”, enfatizó el legislador.

Villalobos también señaló una deuda histórica interna: la anexión no estará completa hasta que Lepanto, Paquera, Cóbano y las islas del Golfo regresen a Guanacaste, territorios segregados por un decreto de 1915. Exigió al Poder Ejecutivo y a la Asamblea Legislativa corregir esa situación sin más dilaciones.

Daniel Ortega, una vez más, recurre a una de sus nubes de humo políticas más manidas. Cada vez que su régimen se ve acorralado —por el aislamiento internacional, la represión sistemática, el anuncio de que “no volverá a haber elecciones” o el colapso económico— desentierra el discurso del supuesto “robo de Guanacaste”. Es una estrategia recurrente y cínica: desviar la atención de la dictadura familiar hacia un conflicto fronterizo inventado hace dos siglos, cuando los propios habitantes del Partido de Nicoya eligieron libremente su destino. Mientras en Managua se cierran todos los espacios democráticos, Ortega prefiere agitar fantasmas territoriales que la historia, los tratados y la Corte Internacional de Justicia ya resolvieron hace décadas.

El Sandinismo ha estado cercano a la política costarricense de alguna manera, que en años anteriores dirigentes del Frente Amplio de Costa Rica, entre ellos la entonces diputada y presidenta del partido Patricia Mora, participaron en las celebraciones oficiales del aniversario de la Revolución Sandinista convocadas por el gobierno de Daniel Ortega en Managua. En julio de 2014, una comitiva de cinco diputados del FA viajaron invitados por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), que costó los tiquetes y la estadía para el 35.º aniversario.

Costa Rica, a través de la voz de Villalobos, dejó el mensaje claro y sin ambigüedades: Guanacaste no se toca.

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