quiere escapar del caos energético terrestre

La inteligencia artificial tiene un problema gigantesco: necesita electricidad, agua y espacio en cantidades que las comunidades ya no quieren ceder. La respuesta que Google y SpaceX están explorando juntos podría sonar a ciencia ficción, pero tiene nombre, fechas y satélites con chips de IA a bordo. ElDiarioCR le explica el Proyecto Suncatcher y por qué importa más allá de Silicon Valley.

El 13 de mayo de 2026, el Wall Street Journal reveló que Google y SpaceX se encuentran en conversaciones avanzadas para un acuerdo sin precedentes: llevar centros de datos al espacio. No se trata de una idea en papel. Google confirmó las negociaciones el mismo día de la publicación. Las conversaciones giran en torno al Proyecto Suncatcher, una iniciativa que Google anunció a finales de 2025 y que busca poner en órbita satélites equipados con las propias Tensor Processing Units (TPUs) de la compañía, los chips especializados que alimentan sus modelos de inteligencia artificial.

El plan de Google es ambicioso: eventualmente, una formación de 81 satélites distribuidos en un diámetro de aproximadamente un kilómetro procesaría cargas de trabajo de IA directamente desde el espacio, alimentados por energía solar continua y sin las limitaciones físicas que enfrentan los centros de datos terrestres. El primer paso sería lanzar dos satélites prototipo antes de 2027, en colaboración también con Planet Labs para el diseño y fabricación de las naves.

Por qué el espacio se vuelve una opción real

La respuesta está en un dato sencillo pero contundente: una encuesta de Gallup publicada en mayo de 2026 encontró que el 71% de los adultos estadounidenses se opone a tener un centro de datos de IA cerca de su comunidad, y el 48% lo rechaza de manera categórica. Las razones son concretas: consumo eléctrico masivo, uso intensivo de agua para refrigeración, ruido, impacto en terrenos agrícolas y presión sobre las redes de distribución de energía.

Meta, Amazon, Microsoft y Alphabet han señalado en conjunto inversiones de capital de aproximadamente $725.000 millones solo para 2026, destinados casi en su totalidad a centros de datos, chips y modelos de IA. Ese volumen de infraestructura tiene que ir a algún lado, y los gobiernos locales están empezando a decir que no en sus jurisdicciones. Una ciudad de Michigan llegó a votar en contra de un proyecto conjunto de OpenAI y Oracle de 21 millones de pies cuadrados; el desarrollador tuvo que acudir a los tribunales para desbloquearlo.

En ese contexto, la propuesta de SpaceX gana lógica: en el espacio no hay vecinos que protestar, no hay redes eléctricas que sobrecargar y la energía solar es permanente. El CEO de Google, Sundar Pichai, describió el Suncatcher como una de las grandes apuestas de la compañía y anticipó que los centros de datos espaciales podrían convertirse en el enfoque estándar para expandir la capacidad computacional dentro de una década.

El dinero, el satélite y el cohete

Google ya tiene una relación financiera con SpaceX: posee aproximadamente el 6,1% de la empresa desde una inversión de $900 millones realizada en 2015. Ahora las dos compañías negocian convertir esa participación en una alianza operativa de primera línea, justo cuando SpaceX prepara lo que se prevé como el mayor IPO de la historia, con una valoración objetivo de entre $1,75 y $2 billones.

El principal obstáculo sigue siendo el costo del lanzamiento. Los cálculos internos de Google indican que el Proyecto Suncatcher solo sería económicamente viable si el precio del lanzamiento baja a aproximadamente $200 por kilogramo. La tabla de precios de SpaceX publicada en febrero de 2026 coloca el costo estándar en $7.000 por kilogramo. La diferencia es enorme, aunque la trayectoria de reducción de costos de SpaceX mediante cohetes reutilizables va en la dirección correcta. Mientras tanto, Elon Musk ha argumentado públicamente que los satélites con cómputo de IA localizado serán la forma más económica de generar procesamiento de IA en menos de tres años.

En ElDiarioCR consideramos que esta historia es mucho más que una apuesta tecnológica entre dos gigantes: es el síntoma de un sistema que está chocando con sus propios límites físicos. Y cuando eso ocurre, la innovación busca salidas que antes nadie tomaba en serio. La pregunta no es si los centros de datos llegarán al espacio, sino cuándo y a qué costo. Los prototipos de 2027 comenzarán a dar esa respuesta.

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