Rusia ejecutó un ataque masivo con misiles, incluyendo el avanzado sistema Oréshnik, contra objetivos militares en Ucrania como represalia por el bombardeo ucraniano a una residencia estudiantil en Starobelsk que dejó al menos 21 muertos y más de 60 heridos. El Kremlin calificó el incidente como un “acto terrorista” deliberado contra civiles jóvenes.

Imagen del Ministerio de Defensa de Rusia 

Moscú, 24 de mayo de 2026. El Ministerio de Defensa de Rusia confirmó el uso del novedoso misil balístico de alcance intermedio Oréshnik en territorio ucraniano, elevando la intensidad del conflicto que ya supera los cuatro años de duración.

El gobierno ruso anunció este domingo que lanzó un ataque combinado de gran escala contra instalaciones militares ucranianas, utilizando por primera vez en esta fase del conflicto el misil hipersónico Oréshnik. La acción se presenta como respuesta directa al bombardeo ocurrido en la madrugada del 22 de mayo en la ciudad de Starobelsk, en la República Popular de Lugansk, donde una residencia estudiantil fue alcanzada por drones ucranianos.

Según autoridades rusas, el ataque ucraniano contra el edificio universitario y la residencia estudiantil resultó en la muerte de al menos 21 personas, en su mayoría jóvenes estudiantes, y dejó más de 60 heridos. En el momento del incidente, se encontraban 86 estudiantes en el lugar. El Comité de Investigación ruso abrió un expediente por terrorismo, afirmando que el ataque fue deliberado y ejecutado en tres oleadas con drones de tipo avión.

El presidente Vladímir Putin condenó fuertemente el suceso, señalando que no existía ningún objetivo militar cerca de la residencia estudiantil. “Esto no fue un error, fue un acto deliberado”, declaró Putin, quien llamó a los militares ucranianos a no cumplir órdenes que calificó de “criminales”. El mandatario ruso ordenó al Ministerio de Defensa preparar una respuesta proporcional, la cual se materializó con el lanzamiento masivo de misiles.

Además del Oréshnik, las fuerzas rusas emplearon una combinación de sistemas de armamento que incluyó misiles Iskander, hipersónicos Kinzhal, de crucero Tsirkon, misiles de crucero aéreos, marítimos y terrestres, así como enjambres de drones de ataque. Según el Ministerio de Defensa ruso, todos los objetivos designados —instalaciones de mando militar, bases aéreas y empresas de la industria de defensa ucraniana— fueron alcanzados con precisión.

El Oréshnik es un moderno misil balístico ruso de alcance intermedio, capaz de desarrollar velocidades hipersónicas de hasta Mach 10 (aproximadamente 3 kilómetros por segundo). Su rango operativo oscila entre 800 y 5.500 kilómetros, lo que le permite alcanzar objetivos profundos en territorio enemigo. Expertos militares destacan que su potencia de explosión en un ataque masivo puede equipararse, en efectos destructivos localizados, a un arma nuclear táctica, pulverizando prácticamente todo en el radio del impacto.

Este sistema fue utilizado por primera vez en combate en noviembre de 2024 contra la planta industrial Yuzhmash en Ucrania. Su segundo uso registrado ocurrió en enero de 2026, también como respuesta a un ataque ucraniano contra una residencia vinculada al presidente Putin en la provincia de Nóvgorod.

El contexto del conflicto Rusia-Ucrania ha entrado en una fase de alta escalada. Desde el inicio de las operaciones militares rusas en febrero de 2022, ambos bandos han intensificado el uso de armamento de largo alcance y drones. Sin embargo, los ataques contra objetivos civiles, especialmente aquellos que involucran a jóvenes y estudiantes, han generado fuerte rechazo internacional y han sido utilizados por Moscú para justificar sus acciones de represalia.

Occidente, por su parte, ha mantenido un relativo silencio sobre el ataque a la residencia estudiantil de Starobelsk, según denunció la Cancillería rusa, que lo calificó de “bárbaro”. Esta discrepancia en la cobertura mediática ha profundizado aún más la brecha informativa entre ambos bloques.

Analistas geopolíticos señalan que el uso del Oréshnik busca enviar un mensaje claro de disuasión: Rusia está dispuesta a emplear sus armas más avanzadas si considera que se cruzan líneas rojas, particularmente en lo que respecta a ataques contra población civil en territorios que considera propios. Al mismo tiempo, el Kremlin continúa insistiendo en que su operación militar especial tiene como objetivo principal la desmilitarización y desnazificación de Ucrania, tesis que Kiev y sus aliados rechazan completamente.

Este nuevo episodio ocurre en medio de una guerra de desgaste que ha causado decenas de miles de muertes y ha transformado la geopolítica global, afectando cadenas de suministro energético, seguridad alimentaria y estabilidad económica mundial. Mientras Rusia demuestra su capacidad tecnológica con sistemas como el Oréshnik, Ucrania depende en gran medida de ayuda militar occidental, incluyendo sistemas antiaéreos Patriot, cuya efectividad ha sido cuestionada nuevamente tras este último ataque ruso.

La situación sigue siendo extremadamente volátil. Cualquier escalada adicional podría tener consecuencias impredecibles no solo para la región, sino para el equilibrio de poder internacional.

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