Max Navarro Hablar más de un idioma con fluidez no solo facilita los viajes o el acceso a otras culturas. También cambia de forma profunda la estructura y el funcionamiento del cerebro, y podría ayudar a mantenerlo más joven y resiliente a lo largo de la vida. Varios estudios recientes respaldan esta idea y sugieren que el bilingüismo y el multilingüismo actúan como un factor protector frente al envejecimiento cerebral y al deterioro cognitivo. Aprender y usar distintos idiomas obliga al cerebro a ejercitarse de manera constante. Cada vez que una persona recupera palabras, estructuras gramaticales o cambia de un idioma a otro, se forman y refuerzan conexiones neuronales. Este “entrenamiento” cotidiano parece contribuir a una mayor agilidad mental y a una mejor capacidad de adaptación incluso cuando el cerebro se enfrenta a enfermedades o al paso del tiempo. Un solo “motor” cerebral para varios idiomas Un estudio de 2025 dirigido por investigadores de la Universidad de Nueva York analizó cómo el cerebro de personas bilingües gestiona dos idiomas. Utilizando magnetoencefalografía (MEG), los científicos observaron la actividad cerebral de 23 hablantes de español e inglés con un dominio similar de ambas lenguas mientras realizaban ejercicios de traducción y manipulación gramatical. Los resultados mostraron que el cerebro no construye sistemas completamente separados para cada idioma. En cambio, parece utilizar un mecanismo computacional general del lenguaje: un mismo “motor” neural que extrae significado y realiza operaciones gramaticales similares, como pasar de singular a plural, tanto en inglés como en español. Esto sugiere que el cerebro es económico y flexible: reutiliza los mismos circuitos para distintas lenguas en lugar de crear mecanismos independientes para cada una. Esta capacidad de reutilizar y adaptar sistemas existentes ilustra la plasticidad del cerebro humano y su potencial para mantenerse ágil durante décadas. Cuantos más idiomas, más lento el envejecimiento Otras investigaciones han ido más allá y han examinado el impacto del multilingüismo en el envejecimiento biológico y cerebral. Un equipo internacional liderado por Lucia Amoruso, del Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL) en San Sebastián, analizó datos de más de 86.000 participantes de 27 países europeos. Utilizaron un marco de “reloj de envejecimiento biocomportamental” para medir si hablar varios idiomas se relacionaba con un envejecimiento más lento. Los hallazgos, publicados en Nature Aging en noviembre de 2025, fueron claros: en los países donde una proporción importante de la población es multilingüe, las personas tenían 2,17 veces menos probabilidades de experimentar un envejecimiento acelerado. Los monolingües, por el contrario, presentaban más del doble de riesgo de envejecer de forma prematura. Además, el efecto era acumulativo. Cuantos más idiomas dominaba una persona, mayor era la protección frente al deterioro asociado a la edad. En un análisis de seguimiento presentado en julio de 2026 en el FENS Forum de Barcelona, el mismo equipo encontró que las personas que hablaban más idiomas mostraban una menor diferencia entre la edad de su cerebro y su edad cronológica. Es decir, sus cerebros “parecían” más jóvenes de lo esperado. La competencia lingüística y la edad de adquisición del segundo idioma también influyeron: cuanto mayor era el dominio y más temprana la exposición a otra lengua, más marcado era el retraso en el envejecimiento cerebral. Protección frente al impacto de enfermedades El bilingüismo no solo parece retrasar el envejecimiento natural. También podría reforzar la resiliencia cognitiva tras enfermedades graves. Un estudio publicado en PNAS en junio de 2026, dirigido por John G. Grundy, examinó a 312 personas de entre 18 y 80 años que habían pasado por la COVID-19, una enfermedad que en algunos casos deja secuelas cognitivas prolongadas, como problemas de memoria de trabajo y control ejecutivo. Los resultados indicaron que los adultos mayores con una experiencia bilingüe más rica y temprana mostraban menos alteraciones en las funciones ejecutivas después de la infección. Gestionar dos idiomas a lo largo de los años parece ejercitar de forma repetida los sistemas cerebrales encargados de seleccionar información relevante, manejar demandas concurrentes y adaptar la atención a contextos cambiantes. Con el tiempo, esta práctica podría ayudar al cerebro a mantener su función cuando se enfrenta a un estrés adicional, como una enfermedad. Los investigadores advierten, no obstante, que el bilingüismo no es una garantía absoluta ni un remedio universal. Se trata de un factor más entre muchos que contribuyen a la resiliencia cognitiva. Implicaciones prácticas Estos hallazgos refuerzan la idea de que aprender idiomas a cualquier edad puede reportar beneficios más allá de lo social o cultural. Empezar cuanto antes parece potenciar el efecto, pero incluso el aprendizaje tardío puede resultar positivo. Expertos como Christina Dalla, profesora de farmacología en la Universidad de Atenas, destacan que existen múltiples razones —sociales, culturales y de salud cerebral— para fomentar el aprendizaje de lenguas a lo largo de toda la vida. En un mundo en el que el envejecimiento de la población es un reto creciente, el multilingüismo se perfila como una herramienta accesible y potencialmente poderosa para cuidar la salud del cerebro. Hablar más de un idioma no solo abre puertas al mundo exterior: también ayuda a mantener más joven el universo interior de la mente. 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