Los fármacos conocidos como GLP-1 se han convertido en una de las herramientas más utilizadas para perder peso en distintos países. Sin embargo, médicos y organismos de salud recuerdan que estos tratamientos deben emplearse bajo supervisión profesional y acompañados de cambios en el estilo de vida.

Los medicamentos conocidos como GLP-1 han transformado el tratamiento de la obesidad y el sobrepeso en los últimos años, al punto de convertirse en una de las terapias más demandadas a nivel mundial. Fármacos como semaglutida y tirzepatida han demostrado una importante capacidad para ayudar a perder peso, aunque especialistas insisten en que no sustituyen una alimentación saludable ni la práctica regular de ejercicio.

Originalmente, estos medicamentos fueron desarrollados para tratar la diabetes tipo 2. Sin embargo, durante los ensayos clínicos se observó que muchos pacientes experimentaban una reducción considerable de peso, lo que impulsó nuevas investigaciones y posteriormente su aprobación para el tratamiento de la obesidad en diversos países.

Los GLP-1 actúan imitando una hormona producida naturalmente por el organismo después de comer. Su efecto principal consiste en aumentar la sensación de saciedad, retrasar el vaciamiento del estómago y ayudar al cuerpo a regular mejor los niveles de azúcar en la sangre. Como consecuencia, muchas personas sienten menos apetito y consumen menos calorías durante el día.

Actualmente, entre los medicamentos más conocidos se encuentran la semaglutida, comercializada bajo distintas marcas, y la tirzepatida, considerada una de las terapias más avanzadas debido a que combina dos mecanismos hormonales diferentes para potenciar la pérdida de peso.

El crecimiento de estos tratamientos ha sido extraordinario. Solo en Inglaterra se dispensaron más de cuatro millones de recetas de semaglutida y tirzepatida durante el período 2025-2026 dentro del sistema público de salud. Paralelamente, millones de personas también accedieron a estos medicamentos mediante clínicas privadas, reflejando una demanda que continúa aumentando.

Diversos estudios muestran que, cuando se utilizan junto con cambios en la alimentación y actividad física, estos tratamientos pueden producir reducciones significativas del peso corporal. Algunos medicamentos en desarrollo incluso han mostrado pérdidas cercanas al 30 % del peso en estudios clínicos de larga duración, aunque todavía se encuentran en etapas de evaluación regulatoria.

No obstante, los especialistas advierten que estos medicamentos no están libres de riesgos.

Los efectos secundarios más frecuentes afectan al sistema digestivo. Náuseas, vómitos, diarrea, estreñimiento y molestias estomacales representan aproximadamente la mitad de las reacciones adversas notificadas por pacientes que utilizan este tipo de tratamiento. En la mayoría de los casos, estos síntomas aparecen durante las primeras semanas y suelen disminuir conforme el organismo se adapta al medicamento.

Además de los problemas gastrointestinales, también se han reportado casos de alteraciones en la piel, mareos, dolores de cabeza y algunos trastornos neurológicos poco frecuentes. Las agencias reguladoras mantienen una vigilancia constante para identificar nuevos efectos secundarios conforme aumenta el número de usuarios.

Uno de los aspectos que más preocupa a médicos e investigadores es el uso inadecuado de estos medicamentos. La creciente popularidad en redes sociales y la búsqueda de una rápida pérdida de peso han provocado que muchas personas intenten obtenerlos sin cumplir los criterios médicos establecidos o incluso recurran a proveedores no autorizados.

Los especialistas recalcan que estos tratamientos están dirigidos principalmente a personas con obesidad o con sobrepeso acompañado de enfermedades asociadas, como hipertensión, diabetes o problemas cardiovasculares. No fueron diseñados para quienes únicamente desean perder algunos kilos por motivos estéticos.

Otro aspecto importante es que la pérdida de peso puede incluir no solo grasa corporal, sino también masa muscular si el tratamiento no se acompaña de una adecuada ingesta de proteínas y ejercicios de fortalecimiento. Por ello, los médicos recomiendan incorporar actividad física de resistencia y mantener una alimentación equilibrada durante todo el proceso.

También existen recomendaciones especiales para mujeres embarazadas o que planean estarlo, ya que actualmente no se aconseja utilizar estos medicamentos durante el embarazo debido a la limitada información disponible sobre su seguridad.

Los expertos coinciden en que los GLP-1 representan uno de los avances más importantes en el tratamiento moderno de la obesidad, una enfermedad que afecta a cientos de millones de personas en todo el mundo y aumenta el riesgo de padecer diabetes, enfermedades cardiovasculares y otros problemas de salud.

Sin embargo, subrayan que el éxito del tratamiento depende de un enfoque integral. Los medicamentos pueden facilitar la pérdida de peso, pero los mejores resultados se obtienen cuando van acompañados de educación nutricional, seguimiento médico, actividad física y cambios permanentes en los hábitos de vida.

Mientras continúan desarrollándose nuevas generaciones de medicamentos aún más eficaces, la comunidad médica insiste en que estas terapias deben considerarse una herramienta dentro de un tratamiento completo y no una solución rápida o definitiva para combatir la obesidad.

Fuente: The Pharmaceutical Journal; estudios clínicos sobre semaglutida, tirzepatida y otros agonistas GLP-1; información del Servicio Nacional de Salud (NHS) del Reino Unido.

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