Max Navarro Una pequeña empresa tecnológica de Hangzhou, Jingan Technology, se ha convertido en el ejemplo más claro de cómo la inteligencia artificial está transformando el campo de batalla. El 6 de enero de 2026, esta compañía publicó un análisis basado en datos de fuentes abiertas y algoritmos de IA en el que afirmaba que la concentración de fuerzas estadounidenses “podría indicar preparativos de una posible operación militar” contra Irán. La predicción se adelantó más de 50 días al inicio real del conflicto. El caso no es anecdótico. Según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), durante las primeras 24 horas de los enfrentamientos, Estados Unidos empleó el Maven Smart System de Palantir para identificar y atacar más de 1.000 objetivos, una cifra diez veces superior a lo que era posible antes de su despliegue. Shyam Sankar, director de tecnología de Palantir, declaró que este conflicto “probablemente será recordado como la primera gran guerra en la que la inteligencia artificial desempeñó un papel operativo central”. La velocidad es el factor decisivo. El coronel retirado del Ejército chino Yue Gang explica el cambio a través del ciclo OODA (Observar, Orientar, Decidir, Actuar): mientras en la guerra tradicional este ciclo se medía en horas o días, los sistemas asistidos por IA lo comprimen a segundos. Quien decide más rápido, gana. Jingan: el “Palantir chino” Jingan Technology sigue un recorrido casi idéntico al de la compañía estadounidense. Empezó centrada en seguridad urbana (protección de infraestructuras, eventos masivos y apoyo policial) y luego se expandió hacia la defensa. Su plataforma insignia, Jingqi, se comercializa como el equivalente chino de Gotham (Palantir) y Lattice (Anduril). Entre sus clientes figuran gigantes estatales de defensa como Norinco y China Electronics Technology Group. El nombre también guarda un paralelismo simbólico: “Jingan” evoca a una institución de seguridad de la dinastía Tang, del mismo modo que “Palantir” remite a las piedras videntes de El Señor de los Anillos. Detrás de esta ola de empresas privadas está la estrategia de fusión militar-civil impulsada por Pekín, que canaliza la innovación tecnológica del sector privado hacia la defensa nacional. Hoy cientos de firmas chinas participan en proyectos militares de fusión de datos, simulación de campos de batalla y análisis predictivo. El desfase no es tecnológico, sino de aplicación Pese al avance, los analistas advierten que el camino sigue siendo estrecho. China no ha librado una guerra a gran escala en más de cuatro décadas, por lo que carece de un entorno real para validar estas tecnologías. Además, la fragmentación institucional genera problemas de interoperabilidad: cada plataforma militar tiene su propio “cerebro”, pero falta un “cerebro maestro” que coordine las decisiones, según el analista Fu Qianshao. Las sanciones estadounidenses también pesan. En mayo, el Tesoro de EE.UU. incluyó a MizarVision, otra empresa de Hangzhou especializada en imágenes satelitales, en su lista de sancionados por publicar datos de fuentes abiertas sobre actividad militar estadounidense. La compañía convirtió la sanción en un símbolo de prestigio y la utilizó en su campaña de reclutamiento. Hu Bo, director del think tank chino SCSPI, resume el verdadero desfase: “La brecha no está en la tecnología, sino en que Estados Unidos va mucho más avanzado en aplicarla, especialmente en el apoyo a la toma de decisiones”. El conflicto en Irán ha dejado una conclusión clara para la industria tecnológica global: la inteligencia artificial ya no es un experimento de laboratorio. Es un actor operativo que comprime el tiempo de decisión, multiplica la capacidad de ataque y redefine quién gana las guerras del futuro. Navegación de entradas Viceministra Antonette Williams participa en Digital NEXT para impulsar la agenda de IA en Costa Rica