Max Ovares AdvertenciaEsto va dedicado a Cuyita. La que el sábado se escapó como alma que lleva el diablo y hoy lunes volvió a que el pueblo le recordara, a punta de grito, por qué no la quieren ni en pintura. Cuyita vuelve a limón y limón le vuelve a decir que no Fueron varios usuarios quien puso en evidencia el show del sábado: Cuyita llegó a la Casa de la Cultura de Limón, se dio cuenta de que la gente andaba con rótulos de descontento afuera, y cuando le tocó salir, agarró para el carro más rápido que corriendo por el último bus de las once. Y ahí quedó retratada, otra vez, la misma verdad que Limón lleva años repitiendo sin que del otro lado la quieran escuchar: en esa provincia, Claudia Dobles es non grata. No es un mal día, mae, es una etiqueta que ya se ganó a pulso. El sábado que se fue corriendo Vean el cuadro completo. Sesión solemne, los demás diputados quedándose a compartir con la gente, comiendo su arroz con frijoles, haciendo lo mínimo que se supone debe hacer alguien que dice representar una provincia: estar presente. Cuyita, en cambio, hizo lo que mejor le sale: desaparecer. Ni una declaración para la prensa limonense, ni un saludo, nada. Directo al carro, con la seguridad abriéndole campo entre la gente que llevaba semanas, meses, quién sabe cuántos años, esperando decirle algo en la cara. El único medio al que sí le regaló palabras fue Canal 7. Al resto, ni los buenos días. Y por ahí anda rodando, dizque, la historia de que Cuyita, incapaz de caminar tranquila por las calles de Limón de verdad, se fue a “almorzar” a un restaurante armado con inteligencia artificial, posando con un plato de rice and beans que ni existe en ese montaje. No hay quien lo jure en cámara todavía, mae, pero honestamente ya no sorprendería: cuando a alguien la realidad se le pone tan cuesta arriba, hasta el almuerzo lo tiene que inventar en una computadora. El lunes que le tocó cantar el mismo coro Pero eso fue apenas el aperitivo. Porque hoy lunes la señora volvió a pisar Limón y el pueblo, generoso como es, le organizó recibimiento con toda la banda: silbidos, abucheos, gritos de “¡fuera!” y, de premio mayor, un “¡corrupta!” bien puesto mientras ella trataba de seguir leyendo su discurso como si el ruido viniera de otra provincia. Y no, maes, esto no fue un exabrupto de lunes aburrido: en julio, en la actividad de la Anexión del Partido de Nicoya, le cantaron exactamente el mismo coro. Dos veces, dos abucheadas con nombre de pila. A este paso hay que venderle boletos a la gira. Lo de antes: la historia se repite con apellido Y para el que crea que esto nació de la nada, toca abrir el álbum de fotos completo, porque esto viene de fábrica. El esposo, Carlos Alvarado, “Charlinflas” para los amigos, se pasó cuatro años coleccionando el mismo rechazo en una provincia ya golpeada por el desempleo, la inseguridad y el abandono de gobierno en gobierno. JAPDEVA en pie de lucha, muelleros bloqueando, transportistas parando el país entero, sindicatos en huelga, y un gobierno que, según los que lo estudiaron de cerca, se dedicó a cerrar canales de diálogo y a tratar la protesta como si fuera terrorismo. ¿El resultado? Un presidente que en plena fiesta del Día de la Persona Negra y la Cultura Afro-costarricense tuvo que salir escoltado por una puerta alterna para no toparse con la misma gente que decía representar. ¿Les suena conocido, maes? Porque a Limón, obviamente, también. Cierre: la cuenta que Limón ya pasó Y así, entre el que se escapa por la puerta de atrás y la que se escapa rumbo al carro con excusa de almuerzo hecho a punta de algoritmo, queda clarísimo que esto no es mala suerte ni casualidad: es una pareja completa que aprendió a gobernar y a legislar de espaldas a la gente, y que ahora se hace la sorprendida cuando la gente les devuelve exactamente el mismo trato. Porque Limón no tiene memoria corta, mae. Limón cargó años de olvido, del hospital que nunca llega, del tren que se quedó en promesa de campaña, del desarrollo que solo aparecía cuando había cámara cerca. Y cuando le tocó hablar, no lo dijo bajito: lo gritó, lo silbó, lo puso en un rótulo y lo sostuvo en la calle. Este lunes la provincia entera, con sus vecinos y su hartazgo acumulado desde el gobierno del marido hasta la diputación de la esposa, le volvió a demostrar a Cuyita que la confianza no se recupera con una entrevista a Canal 7 ni con una foto de rice and beans armada en una computadora. Se recupera dando la cara, caminando las calles de verdad, sin escolta que abra paso ni carro esperando con el motor prendido. Limón levantó la voz, levantó los brazos, y la volvió a mandar calladita, con el rabo entre las piernas, a que se aleje de ahí. Otra vez, mae. Y a este paso, no va a ser la última. Navegación de entradas Lea Bajo su propio riesgo