Max Ovares Advertencia: Aquí voy a hablar del famoso software Pegasus y el pánico que el FA está creando alrededor de esto. Si usted tiene miedo que le descubran que ve “porno de payasos enanos”… mejor apague el cel y no lo prenda más. El fantasma de Pegasus: cómo el Frente Amplio inventó algo que no existe… “Pa’ variarsh” Hay que ser honestos desde la primera línea: en Costa Rica no hay ningún decreto que autorice meterle un software espía al celular de cada ciudadano de este país. No existe. No está en ningún borrador, no está en ninguna gaceta, no está ni en el chat más delirante de un asesor de comunicación oficialista. Lo que sí existe es un decreto de secreto de Estado sobre información sensible de la DIS, Fuerza Élite y el Consejo Nacional de Seguridad, y a partir de esa base perfectamente razonable, el Frente Amplio construyó, ladrillo por ladrillo, una fantasía orwelliana que le sirve más a su relato que a la verdad. Porque seamos claros: a Sigrid Segura y a sus compañeros de bancada no les preocupa la privacidad de los ticos. Les preocupa no tener un enemigo suficientemente aterrador para seguir justificando su existencia política. Una frase y un festín de mala fe Sí, en el plenario se mencionó la palabra “Pegasus” en medio del debate sobre el secreto de Estado. Y el Frente Amplio, con el instinto de quien lleva meses buscando un titular, lo tomó exactamente como esperaba: no como lo que realmente fue, una referencia a un fenómeno regional documentado, sino como una confesión que jamás existió. La diputada Kattia Calvo no tuvo que esconderse ni tartamudear explicaciones: salió de inmediato, con la frente en alto, a aclarar con total transparencia que esa mención no tenía absolutamente nada que ver con el decreto ni con ningún plan de espionaje contra ciudadanos, y que el país ni siquiera maneja el presupuesto para un software de ese nivel. Esa es la diferencia entre un legislador que le responde al país con la verdad de frente, y una oposición que prefiere sacarle jugo político a una frase ya desmentida por su propia autora en la misma tarde. Calvo no le debe explicaciones a nadie por hablar con claridad sobre un tema regional; el que sí debería explicar algo es el Frente Amplio, que escuchó la aclaración completa y decidió ignorarla porque no le convenía a su relato. Lo que el FA no quiere que la gente entienda: la diferencia entre vigilancia masiva e investigación dirigida Aquí está el punto que la oposición se cuida muy bien de explicar, porque no le conviene: ninguna herramienta de este tipo, ni Pegasus ni cualquier otra tecnología de inteligencia, se implementa jamás como un paraguas que cubre a la población entera. Eso no es cómo funciona ni cómo se usa en ningún país serio que la haya adoptado bajo control judicial. Este tipo de capacidades se reservan, por diseño y por costo, para procesos de investigación profunda, dirigidos, con causa probable, contra objetivos puntuales: personas que planean atentar contra la vida de alguna figura política, terrorismo, corruptos que mueven estructuras de poder desde las sombras, y narcotraficantes que ya demostraron tener la capacidad de infiltrarse hasta en el Poder Judicial. No es un rastrillo que pasa sobre ocho millones de líneas telefónicas. Es un bisturí, no una moto güadaña. Y el Frente Amplio sabe perfectamente esa diferencia técnica; lo que pasa es que “bisturí quirúrgico contra el crimen organizado” no genera el mismo miedo en un tuit que “el gobierno te va a espiar el WhatsApp a vos”. La hipocresía selectiva de quien grita dictadura solo cuando le conviene Lo verdaderamente indignante no es que el Frente Amplio desconfíe del poder —desconfiar del poder es sano y hasta necesario—. Lo indignante es la selectividad quirúrgica de su indignación. Este mismo bloque político ha guardado un silencio cómodo y sepulcral frente a la infiltración narco documentada dentro del propio Poder Judicial, frente a magistrados bajo sospecha, frente a estructuras criminales operando con protección institucional. Ahí no hubo mociones de urgencia, ni conferencias de prensa apocalípticas, ni comparaciones con Cuba o la Unión Soviética. Pero que se mencione una herramienta de inteligencia dirigida contra ese mismo tipo de estructuras criminales, y de repente sí aparece la vena democrática, la preocupación por las libertades, el drama institucional completo. Y aquí cabe la pregunta que el Frente Amplio no va a contestar de frente: ¿qué es lo que realmente les preocupa del software Pegasus, la herramienta en sí, o el país que la fabrica? Porque la coincidencia es sospechosamente puntual: la misma bancada que jamás alzó la voz contra software de vigilancia de otros orígenes, de repente encuentra su vena de derechos humanos justo cuando la palabra que aparece es “Israel”. Esa inconsistencia no es casualidad: es estrategia. Es mucho más fácil gritar “dictadura” contra un gobierno que sí está dispuesto a perseguir al crimen organizado, que explicar por qué callaron cuando el crimen organizado ya estaba adentro de las instituciones que dicen defender. Lo que sí hay que exigir: control, no pánico Nadie está pidiéndole al país un cheque en blanco. Cualquier herramienta de esta naturaleza, si algún día se evalúa formalmente, debe pasar por controles judiciales serios, supervisión legislativa real y límites claros que impidan cualquier uso político o cualquier desvío hacia perseguir opositores legítimos. Eso es innegociable y cualquier gobierno responsable lo entiende así. Pero exigir controles serios es un ejercicio completamente distinto a inventar un escenario de vigilancia total que no existe en ningún documento oficial, solo para asustar a la gente en redes sociales. Una cosa es fiscalización; la otra es folletín. El Frente Amplio, como de costumbre, prefirió el folletín. Cierre Al final, lo que este episodio deja claro no es que el gobierno tenga algo que ocultar, sino que el Frente Amplio no tiene nada mejor que ofrecer que pánico reciclado cada vez que se toca el tema de seguridad nacional. Y aquí me permito robarle una frase brillante a mi amiga Melissa Campos, porque resume esto mejor que cualquier párrafo académico: — el uso de un software como Pegasus solo le puede preocupar a cuatro tipos de personas. Terroristas . Corruptos . Narcotraficantes . E infieles. — Así que si a usted le tiembla la mano con el celular después de leer esto, revise bien de cuál de esos cuatro grupos forma parte —y si lo suyo es más bien buscar “porno de payasos enanos”, tranquilo, ese gusto no le interesa a nadie del Consejo Nacional de Seguridad. Frente Amplio, la próxima vez que salgan a gritar dictadura en el plenario, díganle al país con cuál de los cuatro grupos se sienten más identificados. Mientras tanto, la diferencia entre perseguir al crimen organizado con herramientas dirigidas y espiar a ocho millones de celulares seguirá siendo, para quien quiera mirarla con honestidad, exactamente lo que es: del tamaño de un océano Navegación de entradas Lea bajo su propio riesgo