Max Ovares ADVERTENCIA EDITORIAL Si usted forma parte del club de los que leen un titular, sienten la indignación, comparten, y ya armaron su opinión del día sin haber pasado del segundo párrafo, esta lectura le va a doler. Aquí no hay villanos de caricatura ni héroes de telenovela. Hay una institución que lleva años sin hacer su trabajo, y una prensa que prefiere el escándalo fácil antes que explicarle al país qué está pasando realmente con su dinero. ₡18.600 MILLONES DURMIENDO LA SIESTA MIENTRAS LOS MEDIOS GRITAN QUE LES ROBARON LA COMIDA A LOS NIÑOS Vamos a aclarar algo de entrada, porque la confusión que se armó esta semana no fue casualidad, fue cosecha cuidadosamente regada. Se aprobó un presupuesto extraordinario que, entre otras cosas, recorta ₡40 mil millones del presupuesto 2026 de Cen-Cinai y ₡30 mil millones de los subsidios de vivienda del Banhvi, para tapar el déficit del Régimen No Contributivo de pensiones de la CCSS. Hasta ahí, el titular es correcto. El problema es todo lo que viene después de esa oración, que es justo lo que ningún medio se molestó en explicar con la misma urgencia con la que salió corriendo a publicar el encabezado. Porque resulta que mientras la Asamblea discutía de dónde sacar plata para las pensiones, la propia directora nacional de Cen-Cinai, María Marta Carballo, estaba sentadita frente a la Comisión de Hacendarios reconociendo, sin que nadie le tuviera que sacar la información con pinzas, que su institución tiene más de ₡18.600 millones sin ejecutar, asignados específicamente para infraestructura y atención de la niñez. Plata que ya existe. Plata que ya está aprobada. Plata que simplemente nadie se dignó a mover. Y aquí es donde el cuentito de “le quitaron la comida a los niños” empieza a hacer agua por todos lados, como cayuco viejo. 💰 ¿DE DÓNDE SALE ESTA PLATA Y POR QUÉ A NADIE LE DIO LA GANA EXPLICARLO? Aquí va otro dato que ningún titular indignado se molestó en aclarar, porque hubiera tomado, no sé, ¿dos minutos de investigación adicional? Ese dinero no es una bolsa genérica que el gobierno mete la mano y saca billetes al azar. Tiene origen, tiene ley, y tiene nombre y apellido. El financiamiento de Cen-Cinai viene de varias fuentes simultáneas, como un combo de fast food pero con responsabilidad social. Una parte sale del FODESAF, el Fondo de Desarrollo Social y Asignaciones Familiares, que por ley debe destinar como mínimo un 15% de sus recursos a este programa. Otra parte, la principal, viene directamente del Ministerio de Salud como financiamiento del Gobierno Central para gastos operativos. Hay además recursos que canaliza la OCIS, la Oficina de Cooperación Internacional de la Salud, administrando fondos adicionales del propio FODESAF. La Junta de Protección Social mete sus donaciones para “fortalecer” el programa. Y desde 1983, gracias a la Ley 6879, existe una contrapartida que financia a Cen-Cinai con el 1% del valor aduanero de las importaciones, porque sí, hasta las importaciones le tributan a esto. ¿Para qué sirve este repaso aburrido pero necesario? Para que quede clarísimo que estamos hablando de dinero público, etiquetado por ley, proveniente de mecanismos de solidaridad social que llevan más de cuarenta años funcionando para garantizar que la primera infancia de este país tenga nutrición y cuido. No es plata “extra” que le sobró a alguien por casualidad entre el sofá. Es plata que el sistema costarricense, con todo su entramado legal, decidió blindar específicamente para los niños, con candado, llave y todo. Y precisamente por eso es más grave, no menos, que esa plata esté criando telarañas sin usarse. Porque mientras esos ₡18.600 millones provenientes de FODESAF, del Ministerio de Salud, de la OCIS, de la Junta de Protección Social y del impuesto aduanero llevan tiempo sentados sin moverse ni un milímetro, en algún punto del laberinto administrativo de Cen-Cinai hay centros con órdenes sanitarias activas y niños que, según la propia Contraloría, dejaron de recibir atención. Pero claro, eso no importa, lo importante es el recorte de esta semana. Entonces la pregunta no es solo “¿a dónde va el dinero del recorte?”. La pregunta, la que de verdad debería sacarle canas a cualquiera, es: ¿qué estaba haciendo Cen-Cinai con todo ese andamiaje de financiamiento blindado por ley mientras sus propias oficinas no tenían ni escritorios para sentar al personal? Porque aquí no hay un solo responsable de “no ejecutar” al que echarle la culpa y listo. Hay un sistema completo de fuentes —Salud, FODESAF, OCIS, Junta de Protección Social, aduanas— que estuvo entregando recursos puntualmente, año tras año, religiosamente, a una institución que, por su propia confesión ante la Asamblea, no tenía la capacidad operativa ni para abrir la caja fuerte. Eso no es un recorte arbitrario del gobierno actual. Eso es la radiografía de años de un problema que nadie quiso atender hasta que alguien necesitó esa plata para otra cosa. 🏢 LA CONFESIÓN DE CARBALLO QUE NADIE QUISO DESTACAR (PORQUE NO CONVENÍA) Vamos a ponerle nombre y cara a esto, porque la directora no se escondió ni inventó excusas creativas con maquillaje. María Marta Carballo le dijo a la Comisión, con todas sus letras y sin pena, que Cen-Cinai no tiene la capacidad operativa para ejecutar los recursos que ya tiene asignados. No dijo “nos falta plata”. Dijo, básicamente, “tenemos la plata, pero no sabemos cómo moverla, somos un cuello de botella institucional con patas”. Y la explicación que dio es de antología. Las oficinas centrales de la institución operan en condiciones que ella misma calificó de “paupérrimas”, a tal punto que aproximadamente la mitad del personal administrativo trabaja en teletrabajo porque no hay espacio físico donde sentarlos. Desde esas oficinas, en esas condiciones de hacinamiento digno de telenovela, se supone que se coordina la operación de 647 sedes de Cen-Cinai distribuidas por todo el territorio nacional. Léalo de nuevo, despacito. La institución encargada de garantizar que cientos de centros infantiles en todo el país tengan instalaciones dignas, sin órdenes sanitarias pendientes, con la infraestructura que necesitan, no tiene ni siquiera sillas suficientes para su propio personal administrativo. Y con esa misma estructura hecha pedazos es que se pretendía seguir administrando casi ₡19 mil millones adicionales que ya estaban disponibles desde antes y que nadie tocó ni con guantes. Y aquí conviene parar un momento, porque este no es un problema que nació esta semana con el presupuesto extraordinario, por más que la prensa lo presente como si fuera noticia de última hora. La Contraloría General de la República ya lo había documentado hace tiempo: entre 2021 y 2023, la población atendida por Cen-Cinai cayó un 37%. Los menores que recibían atención y cuido bajaron de 34.379 a 25.524, y los beneficiarios del servicio de comidas diarias se desplomaron de 19.236 a apenas 8.105. No por ningún recorte legislativo, no por ninguna pelea política, sino por lo mismo que la directora confesó ahora con tres años de retraso: mala planificación institucional. Es decir, cuando nadie estaba mirando, cuando no había titular jugoso que vender ni gobierno al que culpar, Cen-Cinai ya venía atendiendo a miles de niños menos cada año, en silencio absoluto, sin que ningún medio armara ni la sombra del escándalo que hoy le dedican a un recorte que, además, es reversible. Entonces hagamos memoria, que en este país la memoria dura lo que dura un titular: ¿de qué estábamos hablando esta semana? ¿De que “le quitan la comida a los niños”? No. Estábamos hablando de que una institución que ya venía atendiendo a un 37% menos de niños desde mucho antes del recorte, con ₡18.600 millones engavetados criando polvo y oficinas sin espacio para su propio personal, va a tener que demostrar primero que puede ejecutar lo que ya tiene antes de que le suelten más. Eso no es crueldad presupuestaria. Eso, en cualquier organización seria que no sea una piñata estatal, se llama auditoría mínima. 🔄 EL DETALLE QUE CAMBIA TODO Y QUE CASI NADIE SE DIGNÓ A PUBLICAR Aquí viene la parte que, sospechosamente, quedó enterrada en notas de quinto párrafo mientras el titular indignado ocupaba portada, redes y la opinión de su tío en el chat familiar: el jefe de la bancada oficialista, Nogui Acosta, fue claro en que esos recursos recortados pueden regresarle a Cen-Cinai si la institución demuestra que los necesita y que esta vez sí puede ejecutarlos. Esto no es un detalle menor, esto es el corazón de toda la historia, la parte que de verdad importaba contar. No estamos ante un “se acabó la plata, que los niños se las arreglen como puedan”. Estamos ante un mecanismo de freno y condición: primero demuestren capacidad de gestión, después hablamos de más presupuesto. Es exactamente lo que cualquier persona con dos dedos de frente le exigiría a una entidad que tiene casi ₡19 mil millones sin tocar y oficinas sin sillas. Pero claro, “recorte condicionado a mejora de gestión institucional” no genera el mismo clic indignado que “le quitan el plato de comida a los niños”. Y ahí, queridos lectores, es donde entra la verdadera estafa de esta semana: no la del presupuesto, sino la informativa. 📰 LA PEREZA CON BATA DE PERIODISMO Vamos a ser honestos sobre lo que pasó en redacciones y en feeds de redes sociales esta semana, porque alguien tiene que decirlo sin pelos en la lengua. Alguien leyó “recorte de ₡40 mil millones a Cen-Cinai”, vio la palabra “niños” en la misma oración que “pensiones”, y con eso bastó: armó la narrativa más fácil y masticada posible, gobierno cruel le quita comida a infantes para favorecer a otros. Cero verificación de qué pasaba con la ejecución presupuestaria de la institución. Cero mención de la comparecencia de Carballo. Cero explicación del mecanismo de reasignación condicionada. Cero interés en explicar de dónde sale ese dinero y por qué llevaba meses sin tocarse. Y cero, absoluto cero, de memoria sobre el informe de la Contraloría que ya había advertido la caída en la atención de menores años antes de que existiera este recorte. ¿Por qué tanta pereza? Porque investigar toma tiempo, y la indignación instantánea no espera a nadie. Es mucho más rentable, en términos de algoritmo y de likes fáciles, publicar el titular que genera bronca inmediata que el que exige que el lector piense dos párrafos más allá del encabezado. Pensar cansa, indignarse no. Y lo más irónico de todo, lo que se lleva el premio mayor, es que esos mismos medios y esos mismos opinadores de oficio, los que hoy lloran a mares por los niños de Cen-Cinai, fueron exactamente los mismos que en su momento no le dedicaron ni una fracción de ese mismo escándalo al informe de la Contraloría que documentó esa caída del 37% entre 2021 y 2023, por mala planificación interna, sin que ningún diputado tuviera que recortarles un solo colón. Ahí no hubo hilos virales, no hubo “indignación nacional”, no hubo análisis en vivo con música de tensión de fondo. Porque en ese momento no había un gobierno al que colgarle el muerto. Solo había una institución fallándole en silencio a los niños más pobres del país, y eso, evidentemente, no fue noticia suficiente. Qué cosa tan curiosa. 🔥 CIERRE Así que no, no le están quitando la comida a nadie, por más que ese titular suene perfecto para compartir con cara de indignación. Le están diciendo a una institución que tiene casi ₡19 mil millones sin gastar —dinero que viene de FODESAF, del Ministerio de Salud, de la OCIS, de la Junta de Protección Social y de un impuesto aduanero que existe desde 1983 específicamente para esto—, que ya venía atendiendo a un 37% menos de niños desde mucho antes de este recorte, y cuyas oficinas están tan colapsadas que su propio personal no tiene dónde sentarse, que antes de pedir más, demuestre que puede administrar lo que ya tiene. Y que si lo demuestra, los recursos vuelven. Eso es lo que dice el proyecto. Eso es lo que nadie quiso explicar con calma porque no daba para titular. En cambio, lo que tuvimos fue el ya conocido y tristemente predecible festival de medios y opinadores profesionales que leen el titular, sienten el cosquilleo delicioso de la indignación, y salen corriendo a producir nota, columna o hilo de redes sin haber abierto el expediente, sin haber escuchado la comparecencia, sin haber revisado un solo informe de la Contraloría, sin haber dedicado ni cinco minutos a entender de qué fondos sale realmente esta plata ni qué venía pasando con la atención a la niñez desde hace años. Gente que vive cómodamente de opinar sobre lo que no lee, y que hoy le hizo un flaco favor a este país: en lugar de exigirle a Cen-Cinai que rinda cuentas de esos ₡18.600 millones engavetados, prefirieron regalarle una cortina de humo perfecta para que la verdadera pregunta, la incómoda, la que de verdad importa, se quedara enterrada bajo un titular indignado y un like fácil. La próxima vez que alguno de estos opinadores de manual quiera hablar de “los niños de Cen-Cinai”, que primero le pregunte a la institución dónde tiene guardados los ₡18.600 millones que ya eran suyos, por qué la atención a la niñez ya venía cayendo desde 2021 sin que a nadie le importara un comino, y por qué, con cuatro fuentes de financiamiento distintas blindadas por ley desde hace décadas, sigue sin poder llevar esa plata hasta las 647 sedes que dependen de ella. Mientras esa pregunta no se haga con la misma fuerza que el titular, todo lo demás es ruido. Ruido caro, eso sí, pagado con la credibilidad de un país que ya no sabe a quién creerle. Léase bajo su propio riesgo. Navegación de entradas “El país ya sabe quién va a Crucitas y quién se queda en San José perfeccionando el arte de hablar sin decir nada…” COMUNISTA Y HUMANISTA NO CABEN EN LA MISMA FRASE: LA CONFESIÓN QUE EL FRENTE AMPLIO NO QUIERE QUE VOS RECORDES