Max Navarro Carlos Bermudez Desde que tengo memoria, es decir, en mis 40 años de experiencia docente, el sistema educativo está en crisis. Cada ministro que viene trae un esquema diferente de cómo planear, cómo enseñar y qué es urgente. Todos dejan el ministerio sin grandes logros a pesar de los millones que se gastan en asesores personales. En las aulas todo se percibe igual, cambian los temarios pero la burocracia pedagógica es lo mismo. Grupos grandes impiden la atención necesaria a aquellos que solicitan más apoyo. El docente se ve abrumado por el exceso de “papeles” (hoy día combinado con archivos digitales) que se deben entregar semanalmente. No es un secreto que tales documentos nadie los lee, lo importante es entregarlos. La multitud de pruebas, tareas, boletas, procesos que se deben administrar no permite una eficiente labor docente y provoca que el trabajo haya que seguirlo en la casa, afectando el descanso requerido. Hace un 15 años se han implantado en nuestro sistema dos grandes ejes sobre los cuales se funda el quehacer del magisterio. Primero, la teoría del pobrecito. De pronto, especialistas del Ministerio de Educación empezaron a pensar que el alumno que perdiera el año, ya sea por motivos académicos o de disciplina, era un alma en pena. Entonces se amplió de tres a cuatro las materias que el alumno puede presentar para salvar el año (con la facilidad de que aquel que perdió más de cuatro, escoja aquellas que crea recuperar en un examen, dejando las demás para llevar por arrastre al año siguiente, actualmente esta última opción está eliminada, si bien los especialistas deben de estar pensando que es una injusticia). De la misma manera, las convocatorias pasaron de dos a tres, y se instituyó que la tercera podría ser un “proyecto” (eufemismo que se usa en el sistema para indicar que se trata de “cualquier cosa”: un dibujo, un resumen, un mapa…) Entre los docentes se sabe que es más difícil que un alumno repruebe a que apruebe un curso, todos los números están a su favor, para que, con el mínimo esfuerzo, gane el año. Desde la jerarquía se presiona a los profesores para que no se “queden muchos”, el ministro ordena al director regional, este al supervisor de circuito, este a los directores y este a los docentes. En el plano evaluativo, pasa algo similar: un examen como mínimo debe tener solo dos partes, así el desarrollo de ideas casi ha desaparecido y se disparan los complete, respuesta breve, pareos. Y si esto no fuera poco, los alumnos, apoyados por sus padres y directores de instituciones han implantado aquello de que en el examen solo puede aparecer lo que se estudió en clase, literalmente. De tal manera que los docentes hacen “prácticas de examen” que en realidad son el mismo examen. Prima sobre todo la memoria corta , al salir de una prueba, el alumno ya no recuerda nada de lo que estudió. La segunda teoría la dejo en el tintero pues no quiero alargarme mucho en este espacio, pero sí prometo que seguiremos comentado el tema en próximas ediciones. Carlos Bermudez. Profesor MEP, UNA Navegación de entradas Costa Rica se desangra: el asesinato de Gerson Rosales y la crisis de seguridad frente al narco El miedo no puede volver a apagar el futuroeléctrico de Costa Rica